martes, 21 de julio de 2009

Tres metros sobre el cielo

-Puede que nos veamos otra vez. Veo que tienes argumentos muy interesantes...
-¿Te he dicho ya que eres un cerdo?
-Sí, creo que sí... Entonces, paso a recogerte mañana por la noche.
-No podría. Creo que no podría resistir otra noche como esta.
-¿Por qué, no te has divertido?
-¡Muchísimo! Yo hago siempre la camomila, todas las noches. Procuro que la policía me persiga durante un rato, me arrojo de la moto en medio de un campo desconocido, me dejo perseguir por un perro rabioso y, para acabar, me tiro sobre un montón de estiércol. Luego me revuelvo un poco en él y a continuación regreso a casa en sostén y bragas.
-Con mi cazadora encima.
-Ah, claro, lo olvidaba.
-Y, sobretodo, no me has dicho una cosa.
-¿Qué?
-Que has hecho todo esto conmigo.


-Soy feliz. Jamás me he sentido tan bien, ¿y tú?
-¿Yo? -Step la abraza con fuerza-. Estoy de maravilla.
-¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo?
-No, así no.
-¿Ah, no?
-Mucho más. Al menos tres metros sobre el cielo.

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